En este libro, su autor escribe sobre cómo América Latina creó la modernidad, la nación y la democracia en el siglo XIX, en contra de lo que muchos piensan

James Sanders es es licenciado en historia por la Universidad de Florida, maestro y doctor en historia y estudios latinoamericanos por la Universidad de Pittsburgh. Ha estado vinculado a la actividad académica internacional mediante estancias de investigación y colaboraciones en archivos e instituciones de Colombia y México, entre otros países latinoamericanos, en el marco de sus proyectos sobre historia política de la región. Es profesor de Historia del Mundo y de América Latina en la Utah State University. Ha publicado los libros Contentious Republicans: Popular Politics, Race, and Class in Nineteenth-Century Colombia (Duke University Press) y The Vanguard of the Atlantic World: Creating Modernity, Nation, and Democracy in Nineteenth-Century Latin America (Duke University Press). Sus proyectos actuales se enfocan en repensar la relación entre el capitalismo y la democracia en el siglo XIX en América y sobre las nociones desafiantes.
En la pasada Feria Internacional del Libro de Bogotá, James Sanders conversó con Carlos Robledo para el Roblecast, el pódcast de Cooltura Total. Escuche acá sus reflexiones sobre «La vanguardia del mundo«, primera parte:
Y acá, la segunda y última parte de «La vanguardia del mundo de James Sanders para el Roblecast:
Sobre «La vanguardia del mundo»: Existe un mito persistente según el cual Europa y Estados Unidos inventaron la democracia, mientras que los países de América Latina se dedicaron a imitarlos. Sin embargo, a mediados del siglo XIX, la mayoría de las repúblicas del mundo se encontraba en América Latina. Allí, los pueblos experimentaron con el republicanismo y la democracia, dando origen a nuevas visiones de la modernidad. En lugar de mirar a Europa como la cuna exclusiva de la civilización, colombianos y mexicanos imaginaron que el futuro surgiría de sus propias sociedades. Así, el signo más relevante de la modernidad no fue la cultura europea, sino el impulso republicano de las sociedades americanas. Las Américas eran el futuro; Europa, el pasado. A pesar de ello, tras este florecimiento democrático, hacia finales del siglo XIX surgió una reacción contra la participación política de los sectores subalternos. Políticos e intelectuales abandonaron su compromiso con la democracia y comenzaron a privilegiar el orden y las promesas del desarrollo capitalista. En vez de ser la vanguardia del mundo, una nueva visión de la modernidad celebró la industrialización europea y estadounidense, y calificó de fracasos las repúblicas americanas. La vanguardia del mundo resalta la importancia de Colombia y México en la creación de la democracia y del republicanismo mundial.





