El escritor peruano Alfredo Bryce Echenique murió en su natal Lima a los 87 años, confirmaron fuentes cercanas al autor. Bryce Echenique fue un grande de las letras latinoamericanas; uno de los mayores referentes de la generación post-boom

En el año 2002, tuve la oportunidad de conocer por esos gajes de la profesión a Alfredo Bryce Echenique en un hotel del norte de Bogotá. Estaba haciendo un recorrido de medios, luego de haber ganado el Premio Planeta de novela por El huerto de mi amada. Todo un personaje. Un humor negro lo acompañó siempre en esos escasos veinte minutos que tenemos los periodistas muchas veces, para estar cerquita de la fama.
Cursó estudios en colegios regentados por religiosos en su natal Lima: el Inmaculado Corazón, el Santa María Marianistas del que salió por un incidente para terminar sus estudios secundarios en el San Pablo, un internado británico. En 1957 ingresó a la Universidad de San Marcos donde se recibió como abogado y donde años más tarde obtendría el título de doctor en Letras (1977).
En 1964 llega a una prolongada estancia en París, Francia, en donde se diplomó en La Sorbona en Literatura francesa clásica (1965) y contemporánea (1966) y como Magíster en Literatura por la Universidad de Vincennes (1975). También residió en Italia, Grecia y Alemania, radicándose en España entre 1984 y 2010, sin olvidarse de su tierra natal a la que regresaba por largas temporadas.
En 1968, el general Juan Velasco Alvarado asumió el poder en el Perú y dos años después, en 1970, nacionaliza el Banco Internacional del Perú del que su padre había sido gerente y su abuelo presidente, lo que perjudicó enormemente a su familia.
Regresó a Barcelona en 2002 y publicó tres años más tarde su segundo libro de memorias, Permiso para sentir, en el que denuncia ácidamente la transformación de Perú.
Bryce Echenique se declaraba acérrimo seguidor de los argentinos Julio Cortázar, y Manuel Puig, y de los peruanos Julio Ramón Ribeyro y César Vallejo, porque, según su propia expresión: «introdujeron y produjeron el mundo de los sentimientos y el humor, tópicos muy escasos dentro de la literatura latinoamericana de entonces».
La narrativa de Bryce Echenique, entre lo delirante, lo añorante y lo grotesco, está poblada de simpáticos personajes que se mueven como un poco perdidos en un mundo laberíntico, en medio del humor más fino y la ironía más tierna.
Bryce Echenique fue un maestro de la palabra, a la que dominó y recreó, concediéndole nuevos significados. Su fino humor fue reconocido tanto en América Latina como en Europa. Todas sus obras están salpicadas por esos personajes que él conoció personalmente.
Su obra recibió importantes premios y fue sido traducida a diversos idiomas.

Comenzando este siglo XXI, Bryce Echenique fue protagonista de un escándalo relacionado con el plagio de artículos periodísticos, lo que llevó a que el 9 de enero de 2009, un tribunal administrativo peruano lo condenara a pagar una multa de 177.500 soles (unos 53.000 dólares), por el plagio de 16 textos pertenecientes a 15 autores, varios de los cuales aparecieron originalmente en medios españoles. Ante la imposibilidad de desmentir los cargos, Bryce Echenique trató infructuosamente de probar que los artículos habían sido publicados sin su autorización y negó ser el autor de ellos. Posteriormente declaró a la prensa especializada, después de haber sido declarado ganador del Premio FIL, que le habían retornado el importe de la sanción y que sus asuntos iban por buen camino.
El 2 de julio, en el Hotel Country Club de Lima, presentó Dándole pena a la tristeza, basada en la vida de su abuelo el banquero Francisco Echenique Bryce. Esta novela podría ser la última que escribió: «No tengo proyectada otra novela. Nunca puede saberse con certeza, pero lo que sigue es el tercer volumen de mis antimemorias. El título viene de Quevedo: Arrabal de senectud«, declarado en 2011, cuando estaba escribiéndola, «alejado de todo, en una casa de playa llamada Totoritas«.
Entre sus cuentos y novelas figuran Un mundo para Julius (1970); La felicidad, já já(1974); Todos los cuentos (1979); La vida exagerada de Martín Romaña (1981); Magdalena y otros cuentos (1986); Crónicas personales (1987); y La última mudanza de Felipe Carrillo (1988). Para la década de los noventa escribiría: Dos señoras conversan; Permiso para vivir (Antimemorias (1993); No me esperen en abril (1995); Cuentos Completos (1995); Reo de nocturnidad (1997); La amigdalitis de Tarzán (1999); y Guía triste de París (1999).
Su amigo, el escritor Jorge Eduardo Benavides, lamentó su muerte en las redes sociales. “No solo fue un grandísimo escritor, con un estilo absolutamente personal, certero, fino, lleno de deliciosos hallazgos (…) fue también una gran persona y un amigo leal, cariñoso y lleno de detalles y atenciones”, se lee en su página de Facebook.
Álvaro Vargas Llosa, hijo del Nobel peruano, mostró su pesar ante el fallecimiento de Bryce Echenique, “uno de los grandes escritores peruanos y de la lengua española”. “Su obra sobrevivirá”, escribió.
Sus amigos siempre destacaron su inagotable picardía. “Pidió permiso para vivir e incluso para retirarse. Novelista disparatado, nostálgico de oficio, el último de una estirpe que aprendió a escribir como quien confiesa un pecadillo en un bar a punto de cerrar”, escribiría su biógrafo Daniel Titinger en su último cumpleaños.
Bryce Echenique no tuvo más pretensiones que escribir. Fue de esos llamados ‘escritores desordenados’ y su vida fue una eterna parranda.
“Para mí La vida exagerada de Martín Romaña es una de las más hermosas novelas en mi idioma que se han escrito jamás. (…) ese hablar de uno mismo con tristeza, pero sin autocompasión, ese sentimentalismo tan difícil de escribir en una novela. Y él siempre está en el límite de hacernos reír y llorar al mismo tiempo. Quiero decir, el humor usado como lo usa Alfredo, creo que es de las cosas más difíciles del mundo, y no me llega a la cabeza ningún escritor en mi idioma que lo use con esa brillantez y con esa maestría”. Joaquín Sabina durante el homenaje que le hicieron al escritor en el Instituto Cervantes en España.
En la mañana de este 10 de marzo del 2026, falleció en Lima a los 87 años. Apenas unos días atrás había reaparecido para una firma de libros en una conocida cadena de librerías, donde se le vio utilizando un tapabocas, lo que daba a entender que venía presentando problemas de salud.
De Alfredo Bryce Echenique, esta «pequeña joyita» para recordarlo siempre, con una sonrisa en los labios: «Se llama la Feria del Libro y nos tratan como prostitutas, nos pasean, nos exhiben, nos retocan, nos peinan, nos dan vueltas por las calles. Decidí jugar el rol del escritor de éxito. Me entelé, me puse buen mozo (…) Vi una chica muy linda. Inmediatamente, vi las posibilidades, a través de la literatura y del éxito, de salir a tomar té con ella, y ella me dijo: deme “Un mundo para Julius”, y en el momento que lo iba a firmar me dijo: “Por favor me lo empaqueta y me da la factura”. Creía que yo era el dependiente (…) Me quedé profundamente deprimido y me dije: Esto me pasa por puta.»

Texto escrito con datos suministrados a través de las páginas de El País de España, Pósit y Permiso para vivir (antimemorias)




