Gran premio a la ignorancia

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Por estos días circula por las redes sociales un texto escrito por Mariel Cepeda, Tanatóloga y terapeuta, independiente de la Universidad Iberoamericana de Tijuana (México) en el cual aborda la problemática que estamos viviendo en la actualidad. Por la importancia del texto y lo vigente del mismo, en Cooltura Total lo publicamos a continuación

Fotografía tomada del muro de Facebook de Mariel Cepeda

Gran premio a la ignorancia

Vivimos una realidad única en la historia.

La humanidad tiene toda la información del planeta literalmente en la mano, a un click de distancia, y aún así piensa menos que nunca.

Jamás el ser humano tuvo tanto acceso al conocimiento.

Y nunca fue tan fácil manipularlo.

Bibliotecas enteras caben en un teléfono, pero la mayoría lo usa para ver bailes estúpidos de 15 segundos.

La historia arde, la economía se desmorona, los países se polarizan y el «trending topic» es un meme.

Eso no es casualidad.

Eso es diseño.

El nuevo orden mundial no necesita cadenas, crea distractores.

No necesita censura, proporciona entretenimiento adictivo vulgar y barato.

No necesita quemar libros, le basta con que nadie quiera leerlos.

Entonces pasa lo impensable…

Un artista urbano, construido por la industria del ruido, gana el premio musical más importante del planeta.

Bad Bunny.

El símbolo perfecto de la época.

Y no, esto no es desprecio personal, es lectura cultural.

Porque no estamos hablando de si tiene talento o no.

Estamos hablando de qué se premia… y por qué.

Grammy Awards corona algo y está mandando un mensaje global: “Esto es lo que queremos que consumas”. “Esto es lo que vale”. “Esto es el modelo a seguir”.

Y por primera vez en la historia, el mayor premio no fue para la complejidad, ni para la poesía, ni para la música elaborada.

Fue para el estribillo fácil.

Para la repetición hipnótica.

Para la letra que no exige pensar.

Casualidad? Claro que no!

Estrategia simple.

Mientras menos piensas, más obedeces.

Un pueblo que reflexiona, cuestiona.

Un pueblo que cuestiona, incomoda.

Un pueblo que incomoda, es peligroso.

Pero un pueblo entretenido…

es manejable.

Dales ritmo.

Dales luces.

Dales farándula.

Dales ídolos de plástico.

Y no preguntarán por inflación.

Ni por guerras.

Ni por corrupción.

Ni por quién mueve realmente los hilos.

Es el circo romano versión WiFi.

Antes eran gladiadores, hoy son premios, escándalos y canciones virales.

El método cambió, la intención es la misma.

El nuevo analfabetismo.

El analfabeto del siglo XXI no es el que no sabe leer…

Es el que puede leer y no quiere.

El que prefiere coreografías antes que ideas.

El que sabe el último chisme de un cantante pero no sabe quién gobierna su país.

El que memoriza letras vacías

pero nunca ha memorizado una frase que lo haga mejor ser humano.

Eso sí es peligroso.

Porque la ignorancia antigua era inocente, la de ahora es elegida.

Cuando vi este Grammy histórico, no pensé: “Qué grande es la música latina».

Pensé: “Qué perfecto experimento».

El mundo celebrando el ruido mientras la profundidad muere en silencio.

El aplauso global al entretenimiento superficial, mientras los libros acumulan polvo.

Es como si el sistema dijera:

Tomen su trofeo. Canten, bailen, disfruten, nosotros nos encargamos de todo.

La ironía final…

Lo triste no es el artista, lo triste es la masa.

Porque nadie te obliga a ser profundo, pero nadie debería celebrar quedarse vacío.

Y mientras el planeta premia lo más fácil…

Los que piensan parecen raros, incómodos, “intensos”.

Leer se volvió raro.

Reflexionar se volvió pesado.

Estudiar se volvió anticuado.

Pero gritar un coro sin sentido,

eso sí es lo de hoy.

Yo lo describiría así: «No estamos viviendo la era de la información, estamos viviendo la era de la distracción masiva».

Cada premio al ruido es un nuevo incentivo a la estupidez colectiva.

El verdadero galardón de este siglo: El Premio Mundial a la Humanidad más Fácil de Manipular.

Y lo estamos ganando sin duda, año tras año.

Gracias por leer.

Esta vez, no hay mucho por qué sonreír. Mas bien: date cuenta.

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