«En sonidos de Macondo, vemos la música y escuchamos las imágenes». María José de Bustos

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Por Odette Ferré
Especial para Cooltura Total

El pasado 12 de octubre, día en que se conmemora la Fiesta de la Hispanidad en España, la pianista María José de Bustos y el fotógrafo Óscar Perfer, presentaron su proyecto Reflejos de Macondo parte I en los Teatros del Canal de Madrid, en el marco de esta efeméride nacional. Al decir de la pianista, Reflejos de Macondo no es una adaptación literal, sino una invocación múltiple de Macondo a través de imágenes, sonido y palabra. Vemos la música, escuchamos las imágenes

Conversamos con María José de Bustos sobre este precioso proyecto, homenaje a uno de los escritores más universales, el Nobel de Literatura Gabriel García Márquez y sobre todo a su novela cumbre, Cien años de Soledad

La pianista María José de Bustos y el fotógrafo Óscar Perfer. Fotografía cortesía Teatro Mayor, Bogotá

El 4 de agosto de 1873 fallecía prematuramente, a los 39 años, el artista Víktor Aleksándrovich Hartmann, víctima de un aneurisma. Su deceso, que se produjo cerca de Moscú, sumió en una gran tristeza a su entrañable amigo, el célebre compositor romántico del grupo de Los Cinco, Modest Mussorgsky. Tres años antes se había afianzado esa cordial amistad y admiración mutua entre los dos artistas que compartían una gran pasión por las historias de seres fantásticos y el folclore ruso. Casi un año después de la desaparición del pintor y arquitecto, el crítico musical Vladímir Stásov se encargó de organizar una exposición póstuma, entre los meses de febrero y marzo, con alrededor de cuatrocientas obras de Hartmann.

Luego de haber asistido a la muestra, que contempló con profundo interés y devoción, Mussorgsky tuvo la idea de dibujar musicalmente diez de las obras expuestas. Fue así como nació la Suite para piano Cuadros de una exposición, cuya partitura dedicó a Stásov. Esta pieza se convertiría en una de las obras más conocidas del ilustre músico, especialmente la versión orquestada que de ella hizo en 1922 el compositor Maurice Ravel.

Transcurría una fría tarde de octubre de 1898. Como cada día, el músico Edward Elgar, poco conocido como compositor hasta entonces, regresaba a su hogar luego de una intensa jornada impartiendo clases de música y violín. En una especie de ensoñación se sentó al piano y empezó a improvisar algunas melodías. Una de ellas llamó la atención de su esposa, Alice, quien le pidió a Edward que la interpretara nuevamente. Al repetirla, el músico introdujo nuevas variaciones. Sin planearlo, fue en ese preciso instante cuando se plantó la semilla que daría origen a las Variaciones Enigma. Alice lo incitó a desarrollar la obra que se convirtió en un conjunto de catorce variaciones, cada
una dedicada a un amigo y por supuesto una de ellas estaba destinada a Alice. Al año siguiente, el 19 de junio, se estrenó en Londres Variaciones sobre un tema original para orquesta Opus 36 «Enigma», conocida hoy como Variaciones Enigma, siendo la Variación 9, Nimrod, la más conocida. Considerada como su obra maestra, Variaciones Enigma le otorgó a Elgar el reconocimiento que tanto se le había resistido.

Reflejos de Macondo parte I. Fotografía: Archivo María José de Bustos

El pasado 12 de octubre, día en que se conmemora la Fiesta de la Hispanidad en España, la pianista María José de Bustos y el fotógrafo Óscar Perfer, presentaron su proyecto Reflejos de Macondo parte I en los Teatros del Canal de Madrid, en el marco de esta efeméride nacional.

En esa cálida y soleada tarde, impregnada aún de los últimos resquicios del verano, asistimos a un intenso, profundo y emotivo diálogo entre música y fotografía donde la figura del Nobel de Literatura colombiano Gabriel García Márquez habitó durante una hora cada muro del teatro, cada nota del piano, cada fibra del auditorio. Esta producción del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo también contó con la participación de su director Ramiro Osorio leyendo, con su inconfundible voz, algunos pasajes de Cien años de soledad.

Para los artistas creadores de este ExpoConcierto, Reflejos de Macondo es «un encuentro artístico nacido de la fusión de las palabras, música e imágenes. Una meditada puesta en escena para descubrir la soledad de los cien años, con un gran potencial estético, visual y sonoro.«

En la brillante interpretación de María José de Bustos y las inquietantes fotografías de Óscar Perfer se estableció un conmovedor diálogo que nos hizo viajar por un instante al mágico universo de Gabo. El recital, imbuido de una atmósfera onírica, invita al espectador a visitar una exhibición de retratos, cada uno acompañado por una pieza musical del repertorio clásico europeo. Fueron doce cuadros, como si de los Cuadros de una exposición de Mussorgsky se tratara. Fueron doce momentos, cada uno dedicado a un personaje de Cien años de soledad, como si de las Variaciones Enigma se tratara. Porque lo que une a estas tres creaciones, donde todo gira alrededor de la música, es la inspiración, el reconocimiento, el homenaje a una obra, a una historia o a un personaje. A pesar de situarse en diferentes contextos y épocas, el principio es el mismo. Trasmitir, a través de la música, lo que el alma quiere expresar, honrar, agradecer. La música, que como lenguaje universal trasciende fronteras y une corazones, es la protagonista absoluta. Se trata de «ver la música, escuchar las imágenes o pintar con música.»

Conversamos con María José de Bustos, pianista y creadora, junto al fotógrafo Óscar Perfer, de este precioso proyecto, Reflejos de Macondo, homenaje a uno de los escritores más universales y sobre todo a su novela cumbre, Cien años de Soledad.

Odette Ferre. «Reflejos de Macondo» es tu nuevo proyecto musical que presentas hoy domingo 12 de octubre en Madrid en los célebres Teatros del Canal, en el marco de la Fiesta de la Hispanidad. Cuéntanos ¿cuál es la génesis de esta obra que aúna música y fotografía y en qué
consiste?

María José de Bustos. El proceso fue largo, muy respetuoso e interesante. Óscar tenía ya su colección de personajes fotografiada. Siempre desde su óptica contemporánea, en la búsqueda de fenotipos actuales que coincidieran con la imagen que él tenía de cada personaje. El texto, fragmentos de la novela, actúa como un hilo conductor que va bordando una experiencia sensorial y narrativa. No es una adaptación literal, sino una invocación múltiple de Macondo a través de imágenes, sonidos y palabras. Vemos la música, escuchamos las imágenes.

O.F. Gabriel García Márquez, de quien se celebra el centenario de su nacimiento en el 2027, era un gran melómano, en gran parte gracias a su entrañable amigo Álvaro Mutis, quien lo introdujo en la apreciación de la «Música Clásica». Y como lo contó el Nobel de Literatura, Mutis le enseñó a escuchar la música sin prejuicios de clases. ¿Cuál es el mensaje, la razón que los motiva a ti y a Óscar a rendir este homenaje a Gabo y su universo literario y cómo se está llevando a cabo la difusión de este bello proyecto?

M.J.D.B. Ambos somos admiradores del gran escritor universal. Y el descubrimiento de esa faceta, digamos, menos conocida de su intimidad, nos atrajo profundamente para diseñar un hecho escénico diferente, atractivo, novedoso, que fungiera como un homenaje a ese mundo tan desconocido que rodeaba al escritor, con su obra cumbre: Cien Años de Soledad. Amigos cercanos al propio Gabo nos confirmaron ese amor por la música académica que escuchaba cuando escribía y nos inspiró para crear un mensaje artístico que aunase esa variedad de géneros. La difusión la hace la misma propuesta.

Quien la ve, la ambiciona para su programación. Poco a poco la divulgación es más poderosa a pesar de que tratamos de mantener lo máximo posible el misterio de la puesta en escena.

O.F. María José, tienes una extensa y exitosa carrera como concertista de piano, además de fungir como docente, redactora, directora de
programas para la radio, productora y también has incursionado en la literatura como novelista. Tienes además una fuerte conexión con
Colombia y este es el primer proyecto que compartes con el fotógrafo boyacense Óscar Perfer. Como artista española y conocedora
privilegiada de lo que acontece a nivel artístico y cultural en Colombia, ¿qué nos puedes contar sobre el primer contacto, la primera
aproximación, la primera impresión o primeras impresiones que tuviste en ese ámbito y que ha cambiado hoy con respecto a hace 15
años?

María José de Bustos y Óscar Perfer. Fotografía Archivo María José de Bustos

M.J.D.B. Me abruman los títulos que con tanta generosidad describes, querida Odette. Yo realmente me siento un músico integral con especialización en mi instrumento: el piano. Lo demás, es una consecuencia de todo lo que el piano me proporciona.

Mi inmersión en este país fue absoluta desde el minuto uno de mi llegada. Mi amor por Colombia es de una admiración y profundidad sin límites. El talento que subyace bajo la capa de todos los ciudadanos es inmenso. Y ha crecido exponencialmente en los quince años que llevo habitando esta tierra. Obviamente por mi profesión, es el mundo artístico en el que más me muevo y observo un desarrollo extraordinario. Conozco y analizo a diario las complejidades del universo colombiano, pero creo firmemente que la creatividad de este pueblo es lo que más fuertemente combate los sinsabores que nos rodean.

O.F. Volviendo a Gabriel García Márquez, y Reflejos de Macondo, debemos mencionar que Gabo necesitaba escuchar música para poder escribir. Para Cien Años de Soledad, que para él era un vallenato de 450 páginas, su banda sonora fueron los Preludios para Piano de Claude Debussy, que admite haber escuchado de manera obsesiva y que le facilitaron la estructura musical para la narración. En Reflejos de Macondo, que abre y cierra con dos obras de Debussy, cada una de las 12 piezas del repertorio clásico europeo corresponde a algunos de los personajes de Cien Años de Soledad. ¿Cómo se hizo esta selección tanto de la obra como del personaje correspondiente?

M.J.D.B. Una vez que tuvimos clara la amalgama artística en la que íbamos a embarcarnos, comenzamos a escuchar como posesos música del repertorio universal para piano.

Necesitábamos ver y sobre todo sentir en esas dinámicas, el alma de cada personaje. Asociarlo con ese ritmo, con ese texto que íbamos a incluir. Estar de acuerdo unánimemente en todo, no nos permitimos disentir o tener dudas. Debíamos concebir claramente el «cuadro» de cada personaje. Y pasamos meses debatiendo, escuchando, observando música y escuchando personajes, asegurando los pequeños textos y juntando las piezas milimétricamente, hasta que nos pusimos a ensamblar definitivamente lo que convertimos en ese producto que madura con cada función y nos tiene realmente muy orgullosos: Reflejos de Macondo.

O.F. En 1982, para recibir su Premio Nobel de Literatura, Gabo solicitó que le pusieran como música de fondo el Intermezzo Interrotto del Concierto para orquesta del compositor húngaro Bela Bartók, quien hace parte del repertorio de Reflejos de Macondo con la obra Allegro bárbaro, una obra como respuesta irónica del compositor a quienes le tildaban de bárbaro musicalmente hablando. ¿Por qué crees que Gabo admiraba tanto a Bartók, y por qué ejercía tanta fascinación en el Nobel que lo consideraba como uno de los compositores más
interesantes del siglo XX y que incluso llegó a decir que «mis novelas están llenas de simetrías como las que Bartók tiene en sus cuartetos
de cuerda?»

M.J.D.B. Bartók basaba su escritura en el profundo conocimiento de las danzas rurales y músicas populares del pueblo húngaro. La canción popular es la base de su creación, empleando melodías populares como material temático. Llega un momento en el que comienza a notar el desequilibrio entre su base compositiva y el carácter de las formas de la gran tradición, y busca otras soluciones basadas en la lógica y un riesgo más contundente en su armonía. Ese estudio en profundidad se da en sus cuartetos. Creo sinceramente que Gabriel García Márquez se identificaba con este magnífico compositor europeo precisamente por la ruralidad en la que se basaba, y el crecimiento que
desarrolló en base a esos conocimientos e investigaciones. Su paralelismo en la creación demuestra la profunda sabiduría armónica que tenía de Bartók. Su contemporaneidad, la determinación con la que pasa de su influencia Beethoveniana a su propia y sofisticada construcción compositiva. Bajo mi punto de vista, extraordinariamente rompedora para su época.

O.F. La música fue un punto de encuentro primordial en la amistad inquebrantable entre Gabo y Mutis. Fue un elemento fundamental en la
vida de Gabo y su quehacer literario. Después de explorar el universo fantástico de Gabriel García Márquez desde la fotografía y la música, de concretizarlo en este proyecto de Reflejos de Macondo, ¿cómo explicarías el poder que ejerce la música en creadores de otras
disciplinas artísticas y si podemos hablar de la música como el lenguaje universal?

M.J.D.B. Para mí es un hecho indiscutible que la música es un lenguaje universal. Nos alcanza, nos emociona, nos tambalea, es capaz de alborotar todos nuestros sentidos. Cualquier humano podemos comunicarnos a través de la música. Una disciplina de esta magnitud puede conversar con cualquiera de las artes escénicas logrando objetivos con una suma de géneros que no se alcanzarían de la misma forma si no existiese el lenguaje musical universal como hilo conductor.

Vista exterior de los Teatros del Canal. Fotografía: Odette Ferré

O.F. Por último María José. ¿Qué otros proyectos tienes en mente para continuar tejiendo puentes entre España y Colombia? ¿Reflejos de ¿Macondo participará en los eventos conmemorativos previstos para el centenario de Gabo?

M.J.D.B. Ojalá participemos en los eventos conmemorativos por el centenario de Gabo. Nos fascina nuestra propuesta, y creemos sinceramente que cala en el público tanto en su nivel artístico como sensitivo. Ya hemos estrenado la segunda y última parte de Reflejos de Macondo, y la acogida ha vuelto a ser espectacular. Nos tiene entusiasmados la continuación y a la vez, final, de la estirpe de los Buendía.

En cuanto a mis proyectos, además de sentirme entusiasmada interpretando dos maravillosos conciertos de Poulenc y Tailleferre* el próximo dos de noviembre con la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia, tengo varias propuestas importantes en la retaguardia que me ilusionan tanto como nuestra joya Macondo, pero no suelo comentarlos hasta que se hacen realidad. ¡Cosas de la gente de escenario!

¡Muchas gracias, María José!

Gracias a ti, querida Odette, por tu interés.

*Francis Poulenc y Germaine Tailleferre fueron dos compositores contemporáneos franceses integrantes del célebre Groupe des Six.

Vista desde el interior de los Teatros del Canal. Fotografía: Odette Ferré

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