David Bowie: diez años después, el universo asiste a la eterna resurrección del Duque

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Bowie intuyó el futuro y lo proyectó no solo en la música, sino también en la sociedad. Fue uno de los primeros artistas en comprender que internet transformaría la economía de la industria y su relación con el público, y lanzó Bowie Bonds, una innovación financiera que le permitió comprar los derechos de sus canciones

Fue el día 10 de enero de 2016 cuando el planeta se despertó con la increíble noticia de la muerte de David Bowie a los 69 años. Parecía que era inmortal, que un ser humano de esa dimensión no solo no podía morir, sino que tampoco era justo. Apenas unos pocos de su círculo más íntimo sabían que estaba enfermo, aunque ni él, salvo ya en sus momentos finales, sabía que sus días estaban contados y que se iría a comienzos de aquel invierno. De la misma forma que sorprendió el lanzamiento de Blackstar dos días antes del fallecimiento, una obra desgarradora en todos los sentidos y una monumental declaración artística del músico, ya definitiva, cuya grabación se relata en el documental Bowie: The Final Act. Una década después, el universo asiste a la eterna resurrección del Duque.

Acercamiento de la cara de Bowie, de su trabajo Aladdin Sane. Fotografía: Archivo particular

Aún recuerdo la primera vez que me dejé deslumbrar por un ser anodino que manejaba un ritmo en sus obras, muy distintas a las que estaba acostumbrado a escuchar. Desde ese momento, sentí, como muchos otros mortales en este mundo, que había una comunicación tan especial, cercana y casi que íntima, entre el artista y yo, que pensaba que era el único que lo escuchaba, cuando en realidad era un gran secreto a voces.

Todo esto me sucedió cuando escuchaba en aquel lejano año de 1972 del siglo pasado, Space Oddity, con su Mayor Tom que se pierde en el espacio mientras flota a la deriva y se despide. Su primer gran éxito con ese personaje que nos marcó a muchos. Más tarde volvería a su personaje de Mayor Tom en las canciones «Ashes To Ashes» y «Hello Spaceboy», y en el videoclip de «★.» El despertar de ese monstruo que se llama coleccionista terminó por despertar. De a poquitos fui haciéndome a su discografía y viendo esa eterna evolución. Eses cambio eterno. Ese camaleón que fue Bowie en sus 69 años en que nos estuvo acompañando en este plano terrenal. De «Ziggy Stardust» a «Thin White Duke». De su «retiro» en Berlín de donde saldrían tres de sus trabajos más interesantes, a las noches de perdición incesante junto a John Lennon, Harry Nilsson y otros tantos perturbadores del orden establecido en bares y cantinas de mala muerte, si es que en esos antros y lupanares hay o existe algo parecido al orden.

David Robert Jones es el verdadero nombre de David Bowie. Nació en Londres el 8 de enero de 1947 y falleció en Nueva York el 10 de enero de 2016, tras una batalla contra el cáncer.

Con su estilo y sus ojos de diferente color, fruto de una pelea juvenil, abarcó una carrera que abarcó cinco décadas y produjo éxitos, comenzando con pequeñas bandas a principios de los 60 y culminando en la ya mencionada Space Oddity, la canción utilizada por la BBC como tema principal del alunizaje en 1969.

David Bowie es el artista con más vinilos vendidos en lo que va de este extraño siglo XXI. Fotografía: Archivo particular

Su gran avance llegó con «Ziggy Stardust», glam rock y una llamada a la fluidez sexual, luego «Aladdin Sane» consagró la icónica imagen del rayo en su rostro, copiada por tantos hoy como ayer. En los 70, la otra máscara, el «Thin White Duke», con sintetizadores y silencio, capturó un Berlín todavía dividido en dos vibraciones que aún no eran perceptibles.

Los 80 trajeron el éxito en estadios con Let’s Dance y una actuación en Live Aid, mientras que los 90 vieron la experimentación electrónica y el hard rock en el grupo Tin Machine. Luego, a principios de la década de 2000, en la cúspide de su madurez artística, Bowie sufrió un problema cardíaco durante una gira y se retiró de la escena, dedicándose casi exclusivamente a la vida familiar con su esposa Iman y su hija Lexi.

Tras interpretar varios personajes en su último álbum, «Blackstar», lanzado el 8 de enero de 2016, su 69.º cumpleaños y dos días antes de su muerte, Bowie, tras meses de enfermedad enfrentados en silencio, se reveló: en los vídeos que promocionan el álbum, aparece tumbado en la cama o con los ojos vendados, un profeta ciego que predice su propio fin.

Bowie vivió su último florecimiento creativo mientras luchaba contra el cáncer que acabó con su vida el 10 de enero de 2016, dos días después de que cumpliese 69 años y de que lanzase el que sería su 25º álbum de estudio, Blackstar. Su particular regalo de aniversario y legado musical.

Tras someterse a quimioterapia y ya con cuidados paliativos, el de Brixton lanzó un disco desconcertante, como tenía acostumbrados a sus seguidores, que cobró todo su significado tras su inesperado fallecimiento. “Look up here, I’m in heaven” (mira aquí arriba, estoy en el cielo), empieza cantando en el sencillo Lazarus

En ese periodo, Bowie también estuvo trabajando en el musical Lazarus, inspirado en la novela de 1963 El hombre que cayó a la Tierra de Walter Tevis, junto al dramaturgo Enda Walsh y el director Ivo van Hove.

Este 2026 ha empezado con un lanzamiento editorial destinado a conmemorar el décimo aniversario de la muerte de David Bowie. El 1° de enero se publicó en Reino Unido Lazarus: The Second Coming of David Bowie de Alexander Larman (New Modern) que repasa los últimos meses de vida del camaleónico músico y actor británico, desde que fue diagnosticado de cáncer de hígado hasta su muerte pasando por el momento en que supo que la enfermedad ya no tenía tratamiento posible. “Es discutible cuándo Bowie se dio cuenta de que el deterioro de su salud era terminal. Se cree que le diagnosticaron cáncer de hígado en el verano de 2014, pero que no se dio cuenta de que era inoperable hasta noviembre de 2015. Esto ha sido cuestionado por algunas figuras influyentes del entorno de Bowie, quienes han sugerido que sabía que su salud era precaria desde mucho antes, pero se resisten a hablar de ello públicamente por temor a traicionar las confidencias depositadas en ellos por quienes aún viven hoy”, escribe Larman.

Bowie grabó el álbum sin que nadie se percatara de su cada vez más deteriorado estado de salud, solo su productor llegó a saber el estado real del Duque Blanco. “Sin que los músicos lo supieran, Bowie había comenzado la quimioterapia y le dio la noticia a Visconti a principios de enero quitándose la gorra para revelar su nueva calva. “Había días que no podía venir”, dijo el productor, “pero cuando se ponía frente al micrófono, cantaba como un loco. Nunca lo había visto tan feliz”. Les dijo a los músicos que se encontraba mal, pero no dio más detalles; era un asunto privado, para un hombre muy reservado, y respetado como tal. Los estrictos acuerdos de confidencialidad (NDA) garantizaron que nada se filtrara al público”, revela Larman en su obra.

Y Larman anota: “a principios de noviembre, sus médicos le informaron que su cáncer era terminal y que suspenderían todo tratamiento, salvo los cuidados paliativos. En lugar de rendirse a la desesperación, Bowie se mantuvo fiel a su dedicación y grabó otro video con Renck, esta vez para la canción Lazarus”.  “Como comentó Renck, las tomas finales fueron improvisadas ese mismo día. “No sabía lo extraordinariamente impactante que era esto, terminar el último video que hizo metiéndose en su propio ataúd, cerrando la puerta y desapareciendo para siempre”.

La estrella negra de la portada del vinilo (para algunos un símbolo astronómico, para otros esotéricos, para otros una referencia al cáncer) esconde una imagen oculta: al ser iluminada, aparece una miríada de estrellas. Un canto de cisne con muchos mensajes por descifrar, a su propio estilo.

Junto al libro Lazarus: The Second Coming of David Bowie, un documental se estrenó el pasado 3 de enero, siete días antes del décimo aniversario de su muerte, titulado David Bowie: The Final Act, que también recorre los últimos meses de la vida del polifacético y transgresor músico británico. 

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