Pabellón Libertad cerró su ciclo como un espacio de memoria, diálogo y reflexión ciudadana en Bogotá

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Con más de 28 mil visitantes, la exposición liderada por el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural – IDPC y el Museo de Bogotá concluyó su temporada en la Casa Sámano, consolidándose como un escenario clave para repensar la justicia, el castigo y las libertades en la ciudad

Visitantes a la exposición Pabellón Libertad en el Museo de Bogotá. Fotografía cortesía IDPC

La exposición Pabellón Libertad, liderada por el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural  IDPC y el Museo de Bogotá —entidad adscrita al Instituto—, cerró su temporada el pasado 12 de enero de 2026 tras más de ocho meses de apertura al público en la Casa Sámano del Museo de Bogotá. Desde su inauguración, el 4 de mayo de 2025, la muestra recibió un total de 28.619 visitas, consolidándose como un espacio de reflexión colectiva en torno a la cárcel, el castigo y los sistemas de justicia en la ciudad.

Concebida como una apuesta museográfica y pedagógica de alto impacto social, Pabellón Libertad tuvo como objetivo dar visibilidad a las vivencias de personas privadas de la libertad y propiciar un intercambio ciudadano sobre alternativas para la resolución de conflictos, más allá del castigo y el encierro. A través de una curaduría colectiva, la exposición integró testimonios, imágenes, videos, infografías y dispositivos interactivos, organizados en cuatro salas temáticas que invitaron a repensar la justicia desde la escucha, la reparación y el cuidado comunitario.

La muestra abordó preguntas profundas sobre el papel del sistema carcelario en la sociedad contemporánea: si el castigo y el encierro eran sinónimos de justicia, y de qué manera factores como la pobreza, la discriminación y la falta de acceso a derechos fundamentales afectaban tanto a las personas privadas de la libertad como al conjunto de la ciudadanía. En este sentido, la exposición planteó una mirada crítica sobre la cárcel no solo como un espacio físico de encierro, sino como un reflejo de violencias estructurales presentes en la vida cotidiana.

la exposición dejó como balance una ciudadanía más sensibilizada frente a las complejidades de la justicia y el encierro. Fotografía cortesía IDPC

El nombre Pabellón Libertad —tomado de manera irónica de uno de los pabellones de la Cárcel Distrital de Varones y Anexo de Mujeres de Bogotá— propuso una reflexión directa sobre las libertades y los derechos dentro y fuera de prisión, invitando a cuestionar las distintas formas de encierro que atraviesan la ciudad. La narrativa expositiva se articuló a partir de cinco relatos de personas que estuvieron privadas de la libertad, cuyas voces —diversas en edad, género, orientación sexual y experiencias políticas— guiaron el recorrido. Sus historias evidenciaron las dificultades del encierro, pero también sus acciones de dignidad, resistencia y afirmación frente a un sistema que históricamente les ha excluido.

Uno de los logros más significativos de Pabellón Libertad fue su amplia programación cultural y educativa, que fortaleció el vínculo con la ciudadanía. Se realizaron recorridos pedagógicos y talleres dirigidos especialmente a niñas, niños y adolescentes, así como actividades con colectivos artísticos como Tinta Negra Las LibertariasDe igual manera, se promovieron diálogos interculturales con las comunidades indígenas nasa y kamëntsá, quienes compartieron sus modelos propios de justicia, ampliando las miradas sobre el cuidado, la reparación y la convivencia.

Una de las imágenes captadas al interior de la exposición. Fotografía cortesía IDPC

La colaboración con estudiantes de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad de los Andes fue clave para fortalecer el enfoque participativo y pedagógico de la exposición, aportando nuevas lecturas y dispositivos que enriquecieron la experiencia del público.

A lo largo de su vigencia, Pabellón Libertad abrió conversaciones incómodas y evidenció tensiones entre la institucionalidad, las personas privadas y exprivadas de la libertad, las víctimas de delitos y la ciudadanía en general. Fue una experiencia que conmovió y confrontó, pero que, al mismo tiempo, se consolidó como un espacio seguro para el diálogo, la construcción de redes de cuidado y el reconocimiento mutuo.

Con su cierre, la exposición dejó como balance una ciudadanía más sensibilizada frente a las complejidades de la justicia y el encierro, y reafirmó el compromiso del IDPC y del Museo de Bogotá con la creación de escenarios culturales que invitan a pensar una ciudad más justa, empática y amable, en la que todas las personas tengan derecho a ser escuchadas y reconocidas.

La exposición dejó como balance una ciudadanía más sensibilizada frente a las complejidades de la justicia y el encierro. Fotografía cortesía IDPC

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