
No podía continuar escribiendo esta serie de blogs dedicados a la cultura vial sin hablar de los motociclistas.
Amados por unos, odiados por otros. Lo cierto es que estos actores viales son muy importantes, pues cada día en el país, aumentan tanto en número de conductores como en número de siniestros.
Por un lado, tenemos que el mercado de motocicletas en Colombia continúa mostrando un desempeño robusto. En octubre de 2025 se vendieron 98.789 unidades nuevas, lo que representa un incremento del 33,02 % frente a las 74.266 registradas en el mismo mes del año anterior.
Por otro lado, según datos de la Agencia Nacional de Seguridad Vial ANSV, “entre enero y septiembre de 2025 se han registrado 6.258 muertes en las carreteras del país,312 fallecidos más que en 2024. De estos, 4000 de las muertes corresponden a motociclistas, porque no se respetan los límites de velocidad ni las señales de tránsito”.
Aunque las cifras de muertos y accidentados son lamentables, no se puede ignorar el comportamiento cuestionable de muchos de los motociclistas. Se meten por cualquier carril, no respetan los pasos peatonales, se pasan los semáforos en rojo, se suben a los andenes, y conducen como alma que lleva el diablo.
Y esto no ocurre solo en Bogotá. También lo viví en un viaje a Bucaramanga, cuando usé Didi Moto. Lo bueno de este servicio es que se llega rápido y a un precio más económico que en taxi. Lo malo es que uno va con el credo en la boca por la manera en que conducen. En cada trayecto, no dejaba de pensar en qué momento iba a terminar estampillada en la vía o estripada por un carro.
Hubo un conductor en particular que era un suicida. Tomé ese servicio a la hora pico desde el sector de Cabecera hasta la Terminal de Transporte. Ese motociclista tenía más afán que yo. Se metía por entre los carros en movimiento o detenidos por los semáforos, aceleraba y frenaba bruscamente al vaivén de la oportunidad para hacerle trampa al tráfico. Yo le decía que tuviera cuidado y el tipo me respondía que “yo era muy nerviosa”. No soy nerviosa, pero ¡claro que lo estaba por la manera en que conducía ese señor! En mi experiencia como conductora y parrillera, nunca había sentido tal nivel de vulnerabilidad.
Pienso que, a veces, los motociclistas sufren de exceso de confianza. Olvidan que, en parte, su vida, la de su acompañante, y hasta la de otros, está en sus manos. Sí, en parte, porque, también está en manos de los demás actores viales. Como yo lo veo, la movilidad es como un efecto dominó. Por eso, todos en la vía pública tenemos la obligación de mantener el equilibrio, para evitar accidentes con desenlaces fatales que engrosen las estadísticas de siniestralidad.
Conozca las estadísticas a 2025 de la Agencia Nacional de Seguridad Vial publicadas por el sitio web de Caracol Radio:
Conozca las cifras de ventas de motos a corte de octubre de 2025 publicadas por La República:



